Muestra poética

*Poemas pertenecientes a "Sonetos de un emigrante (papeles de Colonia)"

 

I

      

Copos de nieve vuelan sobre el Rin,

formando una pálida catarata;

y en el agua nenúfares de nata

mil pétalos parecen de jazmín.

 

El viento ofrece notas de violín

para esta enigmática serenata,

mientras un cisne, con su danza innata,

embelesa cual frágil bailarín.

 

Como una vela recién apagada,

invade el aroma del crepúsculo

las aceras con su manto insaciable

 

y siento cómo mi alma se traslada,

y caigo blanco, frío y minúsculo

al beso de la muerte inexorable.

 

 

V

 

Déjame deambular por tu cadera

antes de que despierte el ruiseñor,

antes de que los lazos del amor

incendien sin pudor nuestra quimera.

 

No te miento, feliz soy a mi manera.

¿Acaso no se divierte el roedor

en su jaula, o no canta el pescador?

¿Acaso no sonríe la calavera?

 

La libertad esclaviza vilmente.

Yo beso mis grilletes de diamante,

mas necesito hoy el vino de tu fuente.

 

Envidio la ambición del ignorante.

¡Quien diga que el amor inspira, miente!

Inspira la pasión de un solo instante.

 

 

XV

 

Desde mi asiento veo tus tierras,

tus campos de canela, tu cielo,

tu sol radiante y mi fiel anhelo

de encontrar la paz entre tus guerras.

 

Eres luz, mas secretos encierras

en tu pestañeo de terciopelo,

patria de agua clara y negro pelo,

llanuras, mares, lagos y sierras.

 

Desde este avión surco tu regazo

y puedo oírte mientras desciendo

a tu piel vieja de esencias puras.

 

Emigré hace tiempo de tu abrazo

y hoy, que vengo a verte, sigues siendo

marrón y azul desde las alturas.

 

XVIII

 

Ciudad sin rostro eres, mas con mil ojos;

hogar para el marqués y el vagabundo,

un austria te hizo capital del mundo

y un francés se burló de tus despojos.

 

Espejismo infame donde los piojos

en perlas se convierten al segundo,

mar de torpes gritos en el que me hundo,

loca espiral de alegrías y enojos.

 

Bajo tus grietas, siempre un laberinto

por andar, una historia en cada sombra

y cien villanos por cada adalid.

 

Tu corazón me sabe a vino tinto

y tu nombre ennoblece a quien lo nombra.

Mi única patria se llama Madrid.

 

 

XXIII

 

Fantasma del pasado, ¿en qué me he convertido?

¿Quién soy en este instante? ¿Qué hombre seré mañana?

¿De qué modo tratar la herida que no sana?

¿Dónde encontrar aquello que nunca ha existido?

 

Algo de mí fallece cada vez que olvido

los tiernos olores de mi patria lejana,

una palabra de la lengua castellana

o el pueblo donde fui feliz y conocido.

 

¿A quién quiero engañar? Es demasiado tarde

para volver. Aquel país que abandoné

sólo conserva el nombre de aquél que hoy perdura.

 

Tan extranjero soy aquí como allí, un cobarde

que escogió una vida valiente. Si emigré

para huir de mí mismo, hoy padezco de mi cura.